Dra. Ghislaine Arcil: “Mientras menos campos clínicos haya, con mayor concentración de alumnos de distinto tipo, mejor”

A poco más de un mes en el cargo, la nueva Directora General de Campos Clínicos UDP enfatiza la necesidad de que los estudiantes hagan pasantía en los campos clínicos para ganar conocimientos y experiencia, que serán claves en el futuro desenvolvimiento de sus profesiones.

Médico-cirujano de la Universidad de Chile, especializada en Pediatría y Cardiología Pediátrica, con una extensa carrera profesional desarrollada preferentemente en el servicio de salud público, autora y coautora en diversas publicaciones, tiene a su haber experiencia en el desempeño de las funciones que, desde principios de julio, ejerce en la Universidad Diego Portales (UDP) como Directora General de Campos Clínicos. De hecho, entre diciembre de 2010 y enero de 2016 asumió estas mismas responsabilidades en la Universidad San Sebastián. Desde su oficina en Casa Central, la Dra. Ghislaine Arcil confiesa sentirse “muy cómoda” en el cargo, porque “la verdad es que fue como haber llegado a un lugar de trabajo conocido y las materias que me corresponde ver tampoco son temas nuevos”.

A su juicio, ¿por qué son necesarios los convenios docente asistenciales con los campos clínicos?

“Lo que es necesario es que los alumnos puedan pasar por campos clínicos. Si no fuese a través de convenios, sería igualmente bueno. Hoy existe como normativa tener algún convenio con algún lugar donde puedan hacer la práctica y obviamente debemos respetar las normativas vigentes, emanadas del Ministerio de Salud. Es indispensable que, en el área de salud, tengan los campos clínicos que requieren para lograr las competencias definidas por malla curricular, previo al momento de egresar como un profesional y tener que enfrentarse a la atención directa de pacientes. Si eso es a través de convenios o a través de acuerdos, da un poco lo mismo y dependerá de los lineamientos del momento”.

¿Por qué es importante contar con cupos en los campos clínicos?

“En el área de la salud, no es posible enfrentarse adecuadamente a la atención de pacientes sin haberse enfrentado en forma previa a pacientes con distintos problemas de salud, y no solamente con problemas de salud, sino también sanos, bajo tutoría de profesionales más antiguos que uno. Es decir, hay que saber de control de signos vitales, cómo preguntarle, cómo adecuarse a los distintos lenguajes. Son cosas que a uno se le olvidan, pero entender a un paciente es sumamente importante. La época en que más desvalida se siente una persona es cuando está enferma; y esto sucede por dos razones: por encontrarse enferma y por desconocimiento. Entonces, creo que el personal de la salud, todos los profesionales y los técnicos paramédicos también, tienen que tener una formación especial para entrenar ese acercamiento y adquirir conocimientos específicos que les permitan un desempeño adecuado”.

¿Hay otras formas de propiciar este encuentro entre estudiantes y pacientes, diferente a la figura del convenio docente asistencial?

“Entre estudiantes y pacientes no. Pero, para la formación de los estudiantes, existe hoy la simulación clínica, que se desarrolla en distintos niveles, en las distintas universidades, y en distintas partes del mundo, y que es otra forma previa de contacto del estudiante con una práctica clínica, la que debiera ir aumentando en su desarrollo para que cada vez más los alumnos tengan la factibilidad de hacer prácticas a través de la simulación con fantomas o actores que simulan ser pacientes, enfrentándolos así a problemas reales de salud con los cuales les va a tocar enfrentarse. Eso es ideal como una etapa previa al contacto directo con los pacientes a través de los convenios con los campos clínicos. Esta modalidad es útil en todo lo que es signos vitales, punciones arteriales y venosas, intubación, reanimación cardiopulmonar, etc. En estos ámbitos, el “entrenamiento” no debiera ser directo en las áreas de salud. De hecho, para signos vitales, acá en la UDP, en el caso de la carrera de Enfermería, además de la simulación en laboratorio, los alumnos van a colegios, salas cuna y hogares antes de acercarse al área de pacientes propiamente tal”.

¿Qué aportan los estudiantes al servicio de salud durante su pasantía clínica, especialmente los de la UDP?

“He conocido poco a los estudiantes de la UDP. Recién estoy leyendo los programas de estudio y viendo cuáles son los campos clínicos disponibles. Mi primera impresión de la universidad es que dispone de lo que requiere para una buena formación, en términos de una buena cantidad y calidad de campos clínicos. Probablemente, el mayor desafío acá -a diferencia de lo que hice en este mismo cargo en otra universidad, donde se requería buscar y establecer convenios-, sea analizar lo existente, ordenarlo, sistematizarlo, a lo mejor concentrar campos clínicos, ver cuáles son los más importantes y concentrarlos para varias carreras. Mi sensación, que comparten algunas personas con que he conversado, es que mientras mayor sea el “paraguas” de relación con un campo clínico -sea hospital, atención primaria, colegio u otro-,  y por lo tanto mayor sea la cantidad de alumnos de las diferentes carreras que dicta la universidad que pasan para práctica clínica por un mismo establecimiento -llámese Enfermería, Kinesiología, Odontología, etc.-, hace más potente, más vinculante, la relación entre ambas partes, ya que se gana por ambos lados, permitiendo las relaciones a largo plazo. Cuando el beneficio es por una sola parte, eso rápidamente empieza a flaquear por alguno de los lados. Entonces, hay que buscar formas en que eso se transforme en una relación de conveniencia mutua para que se mantenga en el tiempo. Creo que es por ahí por donde uno puede aportar. Si este es un muy buen campo clínico, fortalezcámoslo de alguna manera, veamos si podemos incorporar otras carreras que sean un aporte para la institución y no sólo que uno solicite tener los pacientes que requiere, y después irse, cuando ya se obtuvo lo que se quería. La idea es que sea una relación de entrega”.

Entonces, ¿cuál es su mirada: muchos estudiantes en pocos o en muchos campos clínicos?

“Mi mirada es ésta: mientras menos campos clínicos haya, con mayor concentración de alumnos de distinto tipo, es mejor. Pero hay carreras que requieren de muchos campos clínicos, como por ejemplo Tecnología Médica,  en que hay menciones como Radiología e Imagenología y Física Médica. Para formarse, por ejemplo, y salir sabiendo cómo hacer un escáner o una resonancia, se necesita un equipo y tutor por alumno. Entonces, hay que tener varios convenios para dar respuesta al número de alumnos que demandan estas menciones”.

¿Le parece bien que las instituciones tengan sus propios campos clínicos, como la Universidad de Chile y el Hospital José Joaquín Aguirre; la PUC y Red Christus; la UDP y Clínica Odontológica?

“Tener una La Clínica Odontológica, como la tiene la UDP, no es comparable con tener un hospital propio, como tiene la Universidad Católica o la Universidad de Chile, donde se puede dar una formación completa porque llevan años de desarrollo asistencial con un nicho de pacientes que permite un flujo adecuado de ellos como para tener una buena disponibilidad de variadas patologías para la formación de estudiantes de las diversas carreras de la salud. Eso es muy difícil o casi imposible de replicar. En lo que es factible -como el ejemplo de las clínicas odontológicas- creo que, para terminar con una formación completa, no es suficiente. Siempre que los alumnos están en algo propio, como en estas clínicas, se encuentran en un ambiente muy protegido, salvo que se encuentren muy abiertas a la comunidad. Si no ocurre eso, el tipo de pacientes que llega también puede ser más sesgado. No es malo. Por el contrario, creo que es bueno y necesario tener una clínica odontológica, sobre todo para la formación curricular de los estudiantes, pero deben complementarse con formación extramural. Por otra parte, no es fácil hacerlas sustentables en el tiempo, lo que pasa fundamentalmente por lo que cuesta tener un flujo adecuado de pacientes y que los ingresos sean similares a los egresos. Habría que establecer convenios, probablemente, con las municipalidades. Hay que evaluar bien para que no sea una pérdida, tanto desde  un punto de vista formativo como  financiero. Hay que buscar la fórmula adecuada para que sea una ganancia para los estudiantes y para los pacientes y, a la vez, no sea una pérdida significativa para la institución. Como genérico, estoy de acuerdo en que existan cosas propias, pero se necesita el complemento, a través de convenios,  para enfrentarse a la realidad, ver qué pasa con la atención primaria propiamente tal, qué tipo de pacientes llegan, cómo llegan, con qué falencias hay que trabajar, porque eso es lo otro, cuando tienes algo propio, cuentas con todo. Entonces, qué pasa cuando llegas a un lugar de atención en que los insumos son mínimos y tienes que arreglártelas con lo poco que tienes y hay que hacerlo, no tienes opción, y debes solucionar el problema de otra manera. Los alumnos tienen que enfrentarse a eso también, por eso creo que no es bueno que siempre estén totalmente protegidos en algo propio”.

¿Qué opina de la Norma 254 del Ministerio de Salud (MINSAL)?:
“Es un tema, efectivamente, complejo. Tengo la mirada de que, hace rato, en el Ministerio no han dado con una fórmula adecuada, no sólo para los centros formadores, sino también para los centros de salud, llámese hospitales, atención primaria u otro. Hay una realidad país que debemos aceptar: hoy tenemos universidades privadas, y hay mucho profesional formándose en ellas. Lo que se requiere, como Estado, es que salgan bien formados, porque son los profesionales del futuro; por lo tanto, la preocupación del Gobierno debe ser que todos salgan con las competencias adecuadas. A eso deberíamos tender. Yo tengo una mirada propia, no sé si correcta, de lo que debería hacerse desde el nivel normativo con respecto a esta área para que sea de beneficio mutuo: hacer un levantamiento de lo que requieren desde el punto de vista asistencial y aprovechar todo el recurso humano, sobre todo a nivel de internado, para dar una atención continua al paciente. Un ejemplo: kinesiología. Los hospitales no tienen kinesiólogo las 24 horas en todas las áreas hospitalarias. Ok, a mí, como centro formador, denme campo clínico en la noche. Y ahí uno aporta, porque el paciente va a ganar teniendo un interno de kinesiología que le haga el tratamiento que requiere, van a abaratar costos desde el hospital, porque no van a requerir contratar una persona, y se cubren todos los turnos con tutores y con alumnos de distintas universidades. Si todo estuviera ordenado, no pasaría que, finalmente, se terminen topando todos los alumnos en los mismos horarios, con lo que se empiezan a acotar los cupos ofertados. De esta forma, doy una respuesta a lo asistencial y a lo formativo. No es tan fácil en la práctica como lo estoy planteando en la teoría, porque hay que gestionar las tutorías adecuadas, ya que los alumnos/internos no pueden quedar solos. Cuando sólo estaban la Universidad de Chile y la Universidad Católica, y un poco después la Universidad de Santiago, era fácil. Hoy, con la cantidad de universidades que hay, ya no es tan fácil. Cuando existían dos, los alumnos elegían para dónde irse y en todos lados había cupo y docentes. Hoy, no. ¿Cómo hago un uso adecuado de los campos clínicos? ¿Cómo doy respuesta a un requerimiento de formación? A lo mejor, en algún momento, como Estado, habrá que poner límites. Tal vez no necesite más de estos profesionales específicos, por lo que se deberán acotar los cupos de ingreso y sí tenga campo clínico para otra profesión que requiere el país. En ese caso, se debe terminar adecuadamente la formación de las cohortes de estudiantes que están cursando la carrera y limitar el ingreso de nuevos estudiantes, por el período que se requiera. Pienso que el Estado debería tener una injerencia directa en esa materia y trabajarlo con las universidades para potenciar la formación en lo que el país necesita, con lo que se protege también la empleabilidad a futuro de esos estudiantes. Se debe reconocer que no es un tema fácil”.

¿Cuál es su postura respecto de la coexistencia de alumnos en campos clínicos?:
“En lo que también hay que tener cuidado es en que la llegada de los alumnos e internos no se transforme para el centro de salud en, finalmente, una molestia y, sobre todo, en una carga para el paciente. Por ejemplo: Medicina, asignatura de Semiología, en que tú vas a preguntarle al paciente lo que tiene, lo que siente. Si las rotaciones son cada 2 horas y tú pones 4 alumnos en la mañana y 4 en la tarde, y están 2 horas cada uno con el mismo paciente, lo interrogan 8 veces en el día. Eso, obviamente, no puede pasar. Esto puede pasar también en los hogares de ancianos, donde hay residentes que pueden ser beneficiados con la atención de diversas profesiones, si se analizan bien las rotaciones y atenciones ofertadas, cruzándolas con las necesidades asistenciales de cada uno en particular y creando, por lo tanto, una pauta terapéutica específica. Es decir, la docencia y aprendizaje se ponen al servicio de las necesidades de las personas y no al revés. Si no, pueden terminar agotados porque llega el terapeuta, luego el kinesiólogo, luego el fonoaudiólogo, todos con alumnos de distintos niveles de formación, y además de diferentes universidades. En esos casos, terminarán oponiéndose a dar consentimiento informado para las atenciones. Entonces, si no existe una buena coordinación, es súper complejo. Por eso, hay que ver este tema en relación a los pacientes. La anamnesis, por ejemplo, podría ser por simulación. Cuando es atención kinésica y los pacientes están tapados de secreciones y necesitan aspiración mañana y tarde, qué me importa si en el programa de atención hay una universidad que le dé la atención en la mañana y otra en la tarde, tal como ocurre en las clínicas, que cambian de kinesiólogo en la mañana y en la tarde, pero entregan una atención completa y coherente con las necesidades del paciente. Creo que los problemas de coexistencia de alumnos se dan sólo por la complejidad del ser humano; desde mi punto de vista, debería ser enriquecedor entregar lo mejor de cada uno en pos de una atención continua y de calidad, y en forma secundaria del aprendizaje requerido.”

Dra. Ghislaine Arcil, nueva Directora General de Campos Clínicos de la UDP, quien asumió el cargo el pasado 3 de julio.

A los pocos días de asumir el cargo, la Dra. Arcil se reunió con la Decana Yasna Carrión y los Equipos Directivos de la FACSyO para tener otra aproximación al tema de los campos clínicos.