Con la pensión no le alcanza: Abuelita de 91 años vende calcetines y gorros de lana para subsistir

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Jaqueline Yurazseck - Chilevisión

24 / 07 / 2020

Berta Rodríguez vende productos tejidos desde hace años pero la pandemia la ha golpeado. Su historia es de la “clase media”, donde tiene para comer y un techo, pero también tiene que pagar deudas y, como a muchos adultos mayores, no le alcanza.

“Me llamo Berta Rodríguez López y tengo 91 años, quiero mostrar mi trabajo que he hecho durante este tiempo”.

Con estas palabras Berta comienza su video, donde exhibe orgullosa los productos que vende. “Calcetines, calcetines de hombre para pies grandes, gorritos, pero también nuevos trabajos, como cojines. Yo los encuentro tan bonitos”, comenta sin ocultar el amor que siente por su trabajo.

La historia de Berta es, probablemente, la de muchas mujeres de nuestro país. Oriunda de San Javier, quedó huérfana muy pequeña al cuidado de sus abuelos, quienes al no poder solventarla, la enviaron a Santiago a trabajar como niñera, luego en una farmacia y, cuando su abuela quedó viuda, regresó para cuidarla. Recién había cumplido 16 años. A esa edad ya cargaba con toda una vida. Eran otros tiempos y el destino aun le deparaba sorpresas.

Fue en esa época que conoció a su esposo: “Él tenía 24 años, yo 16, imagínese (…) yo no supe de enamorarme ni nada de eso”.

Dispusieron que se casara con el hombre que ella había visto pasar por su casa y que era un buen partido. Su opinión no importó mucho y lo hizo. Parece que no se arrepiente. Vivió por 77 años junto a su esposo, Lupercio, quien falleció a los 99 años el pasado 4 de julio. “Duró poquito, en cuatro días se fue”, cuenta entre lágrimas. “Estoy sola ahora“, lamenta entre suspiros.

Con su marido se vino a Santiago y cuenta que fue difícil, porque con hijos nadie le arrendaba y tenía cuatro, el más chico tenía ocho meses. Uno de ellos falleció a los 17 años, mientras que sus otros tres hijos están actualmente jubilados.

“Toda mi vida fue trabajar, trabajar y trabajar, así tuvimos este terreno”, relata Berta al explicar cómo junto a su esposo lograron comprar una propiedad en Peñalolén, donde vive actualmente. Jubiló a los 60 años y después quedó a cargo de su marido.

Pero la historia de Berta no es del todo desconocida. Hace unos años vende fuera de su casa tejidos que, además de entretenerla, la ayudan a subsistirCHV Noticias ya había hecho una nota hace algún tiempo sobre su emprendimiento, pero hoy la vida le juega una mala pasada.

Con la pandemia y a su edad es imposible que salga, quedó viuda y llora seguido porque se siente impotente al no poder hacer sus tejidos, ya que no puede comprar lana y cuando la luz no la acompaña para tejer, se va a la pieza a dormir.

Al respecto, Jacqueline Yuraseck, enfermera y experta en geriatría de la UDP, explica a CHV Noticias que “en este minuto, lo que ella está viviendo es un duelo, que es súper fuerte, toda una vida con su pareja”, algo que probablemente le pasa a muchos adultos mayores, pero indica que es bueno que lo comente a otras personas, que pueda conversar y sentirse escuchada, pero que lo más importante es “hacerla sentir que lo que ella siente está dentro de los patrones de normalidad”.

La académica también hace hincapié en que vemos los adultos mayores como discapacitados, que no pueden aportar a la sociedad, pero no es así: “Uno tiene que levantarles el ánimo y entregarles herramientas (…) hay que hacerle entender que la pena es parte de la normalidad, pero que ella puede seguir viviendo y aportando con su conocimiento y experiencia a generaciones más jóvenes”. De esta forma uno ayuda con su autoestima y ganas de vivir.